La Beata María de los Apóstoles (Teresa von Wüllenweber, 1833 – 1907), fue la primera Salvatoriana, que junto con el P. Jordán iniciaron la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador (Hermanas Salvatorianas) en el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la BVM el 8 de diciembre de 1888, en Tívoli cerca de Roma.

El testamento de los fundadores disponía que toda la vida de las hermanas fuese dedicada al apostolado como expresión del amor de Cristo Salvador que invita a dedicarse como los Apóstoles, de modo que todos puedan obtener la plenitud de la vida y de la salvación. Este espíritu de universalidad, heredado de los Fundadores, se manifiesta en la comunidad de las hermanas que provienen de diversas culturas y nacionalidades, viven y trabajan en todo el mundo.

Las hermanas, por medio de la profesión religiosa, ofrecen su vida a Dios, se hacen disponibles a las necesidades de la Iglesia y del mundo con todos los medios que la caridad de Cristo inspira. Trabajan de un modo especial en los siguientes campos: educación y enseñanza, misiones, ayuda en el trabajo pastoral y cuidado de los enfermos.